En este blog se presenta el análisis del discurso de algunos pintores y sus obras más importantes, resaltando el impacto que estas tuvieron en el mundo del arte ya que marcaron una tendencia o contribuyeron ideológicamente a reforzar algunas creencias que se tenían en el tiempo y el contexto en el que se desarrollaron, gracias a que evidenciaron el estado cognoscitivo de cada pintor y la intención que cada uno tenía.

Esto, con el objetivo de entender la multiplicidad del concepto Discurso, que puede ser estudiado no solamente desde la perspectiva de lo textual, y en este caso específico, los elementos simbólicos que allí se plasman sino también de lo perceptible en una conversación, en un acto de interacción real. El discurso se entiende entonces como un producto social y cultural, concepto al que se le da primacía en este blog, resaltando la importancia y la influencia que tiene el contexto en la constitución de un discurso, cualquiera que sea su objetivo.

Por ello, este análisis va dirigido no solamente a quienes aprecian la pintura y la conciben como un elemento portador de significado sino también a todos aquellos interesados en lograr entender el discurso desde un perspectiva más amplia y ligada a todos los procesos de la vida social, aquellos que quieren comprender cómo se interpreta un discurso y cuál es su trascendencia.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Texto argumentativo: El Bosco y su Discurso sobre el Cielo y el Infierno

Este texto tiene como fin exponer un análisis del discurso de uno de los pintores más famosos de la historia, El Bosco, quien a través de sus obras plasma su perspectiva acerca del contexto social y del comportamiento humano de su época. Para ello, se presentará una biografía de este pintor y se estudiarán dos de sus obras más importantes: El Juicio Final y El Jardín de las Delicias.
Hieronymus Bosch, más conocido como El Bosco, nació en la ciudad holandesa Hergenbosch, a la cual debe su nombre. Debido a la falta de registros de la época en que se desarrolló la vida del Bosco, la época medieval, no se tiene clara la fecha de su nacimiento aunque se cree que fue aproximadamente en el año 1450; sin embargo, su fecha de fallecimiento, gracias a un documento encontrado en los registros de la hermandad a la que él pertenecía, es clara y se da en el año 1515.
Por el contrario, de su ciudad natal se tiene mayor conocimiento. Se cree que era un floreciente centro comercial y agrícola famoso por su importante mercado de vestidos, por sus construcciones de órganos y por sus fundidores de campanas. La ciudad parece haber tenido una vida religiosa bastante particular que cumplía un papel fundamental y se evidenciaba en todos los ámbitos de la vida cotidiana de la población, ejemplo de esto es el gran número de monasterios y conventos que poseía la ciudad. “La presencia de tantos claustros y la competencia económica que existía entre estos parecen haber desencadenado una considerable hostilidad en la gente del pueblo, actitud que también se refleja, como veremos, en el arte del Bosco” (Bosing, 2000).
Este clima espiritual tan hostil y en decadencia no solo es característico de la ciudad de Hertogenbosch, sino que hace parte del espíritu de la edad media; época en la cual, “la interpretación de los textos, el simbolismo, el mismo sentimiento religioso, todo va quedando no desnaturalizado, sino debilitado, por la profanación progresiva” (Gauffreteau, 1969). Es así como la vida cotidiana se distingue por los excesos. La gente de la época, que quiere vivir en la espiritualidad y actuar según los preceptos que la iglesia proclama como suyos, no puede dejar de lado los placeres carnales. Junto con ello, la imagen que la iglesia da a conocer es siempre ambigua: una iglesia que se plantea como la representación de todos los valores cristianos pero que sin embargo no cesa sus ataques con La Inquisición y con la pedida de pagos a los fieles para el olvido de sus pecados.
Todos estos elementos presentes en la época influirán de manera significativa en la obra del Bosco junto con un acontecimiento que marcó su vida. Se trata de un incendio que comenzó a dos pasos de la casa del pintor, detrás del ayuntamiento. Este se extendió rápidamente en todo el barrio y una parte de la ciudad fue destruida por el fuego. En esa época, él era todavía un niño y en su cabeza sensible y receptiva se quedó grabada esta imagen que plasmaría en sus obras obsesionadas por las llamas y las humaredas rojizas. Desde el punto de vista de Van Dijk podríamos estimar que el estado cognoscitivo del pintor se vio afectado por un hecho que marcó su vida pero que sin embargo le causó un interés tan grande que no lo ignoró. Como dice Van Dijk en el Capítulo Discurso, Cognición y Comunicación de su libro Estructuras y Funciones del Discurso: “Este estado cognoscitivo es específico para el contexto particular: el lector/oyente tendrá más tarde o para otro discurso otros conocimientos, creencias, deseos, actitudes, objetivos, etc. y, por lo tanto, su estado cognoscitivo será distinto”. (Van Dijk. Pág. 87)
Teniendo estos elementos en cuenta se hace posible realizar el análisis de sus obras, en este caso se expondrán dos. La primera de ellas es una de sus obras más famosas: El Jardín de las Delicias. Se trata de un tríptico pintado al óleo sobre tabla de 220 x 389 cm, compuesto de una parte central de 220 x 195 cm y dos laterales de 220 x 97 cada una (pintadas en sus dos lados) que se pueden cerrar sobre aquella. Como la mayoría de las obras de El Bosco, carece de datación. Algunos estudiosos y otros artistas la sitúan en torno al año 1503, otras fuentes hablan de hacia 1510, o quizás en la actividad final del pintor (1514-1515). Los análisis dendrocronológicos del roble de las tablas lo datan entre 1460 y 1466, el catálogo de la exposición sobre el artista celebrada en Róterdam en el año 2001 señala la fecha entre 1480 y 1490 mientras que la guía de visita editada por el Museo del Prado (lugar donde se encuentra actualmente el tríptico) señala las fechas 1500-1505 (Wikipedia, 2014).
El tríptico es una obra llena de símbolos, los cuales es posible apreciar tanto en la parte interna como externa del cuadro. Allí se hace alusión al tercer día de la creación del mundo donde se muestra a la Tierra llena de animales y plantas, sin humanos; encerrada en una esfera de cristal que simboliza la fragilidad del mundo la cual se rompe cuando el tríptico se abre y muestra un sinfín de pecados con su preludio y sus consecuencias.
El panel izquierdo muestra el paraíso cuyas figuras centrales son Adán, Eva y Dios mismo. Al lado izquierdo de ellos se ve el Árbol de la Vida y a lo lejos se ve el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal con la serpiente enroscada en él. Junto a este árbol hay una piedra antropomorfa que simboliza el rostro oculto de Satanás que anuncia la futura aparición del pecado junto con todas las demás formas y seres extraños o demoníacos que rodean a los personajes principales.
Efectivamente, en el panel central, se evidencia una gran cantidad de pecados derivados especialmente de la lujuria. Comparándolo con el panel izquierdo, el paraíso tiene una gran similitud con el paraíso de Adán y Eva lo que representa a la Tierra llena de pecado. Pero, en este panel, Dios está ausente lo que podría simbolizar su arrepentimiento, como lo dice en Génesis 6:5-7: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la Tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la Tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la Tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho.(La Santa Biblia, 1960)”
Finalmente, en el panel de la derecha, está dibujado el Infierno con múltiples representaciones de torturas y condenas, consecuencia de los pecados cometidos deliberadamente en la Tierra. A través de distintos personajes, bestias y extrañas torturas se evidencia el castigo a pecados como la avaricia, la pereza, la gula, la lujuria y la soberbia junto con la gravedad de estos pecados. Aún se desconoce por qué El Bosco considera la música como un pecado o por qué pinto instrumentos musicales en su representación del Infierno. La distinción del color, que pasó de los vivos tonos azules y verdes a lúgubres rojizos y colores tierra, hace alusión al tormento del Infierno y que el paraíso se acabó: todos pagan por lo que hicieron.
En cuanto al estilo de la obra, se evidencia que el Bosco era un maestro en el dibujo, en el manejo del color claroscuro, el tratamiento de la luz y la perspectiva, los paisajes que son reales e irreales al mismo tiempo. La composición del tríptico es caótica debido a la gran cantidad de escenas y personajes que parecen estar ubicados sin orden específico pero que al ser detallados sí están ordenados. Se puede notar que ubica la línea del horizonte muy arriba en la tabla para lograr un efecto de profundidad y así poder dibujas planos muy diferentes el uno del otro pero que se funden entre sí. El paraíso y la tierra están unidos por la misma claridad e incluso por el mismo horizonte, pero en el Infierno la claridad no existe y el horizonte parece haber desaparecido dando un ambiente nocturno y desesperanzador.
Además del jardín de las delicias, la otra obra que da cuenta no solamente la influencia del contexto en la obra del Bosco sino también muchos aspectos de su estado cognoscitivo, es El juicio final. En esta obra en forma de tríptico se refleja una de las mayores preocupaciones de la época, la llegada de Cristo a la tierra para juzgar a todos los seres humanos y recompensarlos por lo que han hecho en su vida; y, en una época en la que el pecado y la insensatez estaban tomando un papel cada vez más relevante, este juicio representaba el “fuego eterno”, el infierno. Con esta pintura, el Bosco representaba la visión de la naturaleza humana en la Edad Media “el hombre, corrupto por el pecado de Adán, lucha débilmente con sus inclinaciones perversas, con mayor probabilidad de hundirse al nivel de las bestias que de elevarse al de los ángeles” (Boring, 2000. Pág. 25).
El juicio final, ubicado en la Academia de Bellas Artes de Viena, se trata de un tríptico, es decir una obra de arte que se divide en tres secciones o paneles, pintado al óleo sobre tabla de 163,7 cm por 242 cm, tanto en la parte exterior como interior de este. Los historiadores creen que fue realizada aproximadamente en el año 1482 o después. En la parte exterior del lado izquierdo está representado Santiago de Compostela y en la derecha San Bavón. En la parte interna, en el postigo izquierdo se encuentra la representación que hace el Bosco de el paraíso, plasmando los tres momentos que se desarrollan en el libro del Génesis: la creación, el pecado y con ello el destierro.


En la tabla central se presenta el Juicio final caracterizada por tres elementos, como lo menciona Walter Bosing en su análisis de esta obra: el primero de ellos es la pequeña e insignificante corte celestial que acompaña a Cristo en el cielo; el segundo, todo lo que se encuentra debajo de la corte celestial, que hace ver el juicio como el cataclismo universal en el cual la mayor parte del género humano perece, y el tercero y último se refiere al cuadro central en su totalidad que hace referencia a la tierra en su agonía final consumida por el fuego y el sufrimiento.
En la última parte del cuadro, el postigo derecho, El Bosco pinta el infierno. Para él, las agonías del infierno son principalmente físicas y la forma en que los demonios las llevan a cabo es infinita. Algunos autores creen que este pintor represento en algunos de los castigos cada uno de los pecados que señala en su cuadro El tablero de los siete pecados capitales y las cuatro postrimerías. Así, por ejemplo la avaricia es castigada con el ser quemado en la caldera, la gula con el beber vino de un barril con líquido de dudosa procedencia, la ira poniéndole herraduras a los seres pecadores, entre otros; sin embargo, no es claro si esta hipótesis sea cierta. Es allí donde “El Bosco expresa eficazmente el concepto medieval del infierno, como un estado en el cual se convierten en un caos las leyes de la naturaleza que fueron establecidas por la divinidad” (Boring, 2000. Pág. 36); lo cual complementa, con la representación de especies espeluznantes que no pueden ser definidas o descritas debido a su rareza.
Este análisis un tanto estructural de la obra, no solamente refleja la influencia del contexto en el que vivía El Bosco respecto a cómo desarrollo sus pinturas, sino que también da cuenta de elementos propios de sus creencias, de su ideología respecto al cielo, al infierno y en general, hacia las conductas humanas. Esto permite ver que como dice van Dijk en su libro Ideologías: una aproximación multidisciplinaria (1998), que el discurso ideológico se reproduce y se hace evidente en las situaciones sociales en general y en los contextos específicos del discurso, lo que sugiere que al final estas ideologías no sean propiamente grupales sino que tiendan a ser individuales, ya que cada uno tiene una percepción particular de esas creencias de acuerdo a su experiencia pero además cada uno pertenece a varios grupos ideológicos al mismo tiempo.

Con ello se entiende que para poder comprender los cuadros de El Bosco es necesario tener ciertos conocimientos previos acerca de la simbología del arte, el arte en la Edad Media y, evidentemente, de la religión (Católica, especialmente) y la Biblia, ya que son estos aspectos los que permitirán entender la intención del pintor y el significado real de sus pinturas; es decir “se estructura la representación del discurso no solo internamente, sino externamente en relación a mucha otra información”. (Van Dijk. Pág. 86).
Además, como afirma Van Dijk en su libro Ideología: una aproximación multidisciplinaria (1998) “además de las condiciones contextuales de credibilidad, también la naturaleza de las estructuras semánticas (y otras) pueden tener (para distintos participantes) diferentes influencias en la construcción y aceptación de modelos, y en la subsiguiente generalización a representaciones sociales que son parte de la reproducción ideológica”; lo que muestra la posibilidad de que se den diferentes interpretaciones de un mismo signo y que en ellas influya el elemento cognoscitivo propio de cada observador, pero que este conocimiento siga siendo lo suficientemente general como para que otros lo reconozcan.

El llamativo arte del El Bosco también influyó en muchos autores y otros artistas que quisieron analizar sus obras y darles fecha. Sin embargo, el primero en ser influenciado fue el sacerdote español José de Sigüenza puesto que fue el primer analista del pintor. Esta es su opinión: “La diferencia entre las pinturas del Bosco y las de otros es que los demás procuraron pintar al hombre tal cual parece por fuera; éste sólo se atrevió a pintarle cual es por dentro (...) Los cuadros del Bosco no son disparates, sino unos libros de gran prudencia y artificio, y sí disparates son los nuestros, no los suyos, y, por decirlo de una vez, es una sátira pintada de los pecados y desvaríos de los hombres” (Pijoán. Pág. 136) Esto evidencia la influencia dentro del ámbito de la psicología social que generó en él el discurso pictórico de El Bosco. En palabras de Van Dijk “(…) la psicología social y del estudio de la comunicación de las masas. Estas disciplinas examinan cómo un individuo es influido por el discurso de otro y cómo grupos de individuos son así influidos por procesos de comunicación pública en el contexto social.” (Van Dijk. Pág. 98). Así que, como vimos anteriormente, tal influencia hizo que el estado cognoscitivo del sacerdote cambiara, haciéndole reproducir otro discurso: el libro Fundación del Monasterio de El Escorial en 1605.

Bibliografía
Bosing, W. (2000). El bosco: entre el cielo y el infierno. Germany: Benedikt Taschen Verlag Gmbh Hohenzollernring.
Gauffreteau, M. (1969). Hieronymus bosch “el bosco”. Barcelona: Editorial Labor, SA.
Dijk, T. (1996). Estructuras y funciones del discurso. España: Siglo XXI editores.
Dijk, T. (1998). Repreduccion. En: Ideología: una aproximación multidisciplinaria. Barcelona: Gedisa editorial.
---. (2014). El jardín de las delicias. Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/El_jard%C3%ADn_de_las_delicias.
---. El jardín de las delicias. Tomado de: http://mupart.uv.es/ajax/file/oid/963/fid/2047/JARDIN%20DE%20LAS%20DELICIAS.pdf
---. La Santa Biblia. Sociedades Bíblicas en América Latina. Edición: Reina Valera. 

6 comentarios:

  1. Se puede decir que las autoras son lectoras semánticas, dado que en el desarrollo del texto dan cuenta de los componentes de las pinturas hechas por “El Bosco”, es decir llenan de significado el texto a la hora de analizar cada componente por separado, no se podría decir que son lectoras críticas dado que no intentan explicar el porqué de todas esas interpretaciones semánticas desde el punto de vista propio, además, ellas en alguna parte dicen “lo que podría simbolizar(…)” y un lector crítico es aquel que como dice Eco no crea sino descubre, es decir hace afirmaciones respecto a lo que quiere trasmitir el autor en sus obras y el porqué de esto.

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    1. Pues justamente ese juego de interpretaciones posibles es lo que las hace lectoras críticas. Probablemente puedan tergiversar, pero lo que debemos valorar es su capacidad para argumentar sus opiniones. Ahora cuándo dicen "probablemente es..." se están apoyando en las fuentes consultadas.

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  2. Las autoras de este texto son lectoras semánticas, ya que con respecto al objeto de análisis, ellas realizan una descripción de los elementos que se encuentran presentes en los cuadros del Bosco únicamente llenándolos de significado ; es decir, que no intentan explicar desde sus propios puntos de vista el por qué el Bosco puso ciertas imágenes o elementos claves en sus pinturas y por qué por ejemplo muchos creen que las obras del Bosco son representaciones de los pecados. Por lo tanto, se descartaría la posibilidad de que fueran lectoras críticas, ya que no descubren o producen interpretaciones nuevas.

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    1. ¿Y qué te dice el hecho de que se apoyen en fuentes conceptuales y teóricas para hacer algunas de las interpretaciones?

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  3. SOBRE LA EXPOSICIÓN Y el análisis del discurso. El discurso elegido es por si mismo sugerente y diferente -lo que garantiza que el público pueda aprender algo que desconoce- y se evidenció a través del texto escrito el esfuerzo por hacer un análisis a la luz de algunos conceptos y autores relacionados con la interpretación discursiva. Sin embargo durante la exposición no fue igual el entusiasmo y el interés a la hora de presentar las ideas.
    1. Presentación previa de reseñas y ensayo según criterios establecidos.0,9
    2. Interacción con el público 0,8
    3. Manejo del tiempo 1
    4. Dominio, fluidez y dinamismo 0,8
    5. Claridad y organización en el discurso oral 0,8
    DEF. 4,3

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