En este blog se presenta el análisis del discurso de algunos pintores y sus obras más importantes, resaltando el impacto que estas tuvieron en el mundo del arte ya que marcaron una tendencia o contribuyeron ideológicamente a reforzar algunas creencias que se tenían en el tiempo y el contexto en el que se desarrollaron, gracias a que evidenciaron el estado cognoscitivo de cada pintor y la intención que cada uno tenía.

Esto, con el objetivo de entender la multiplicidad del concepto Discurso, que puede ser estudiado no solamente desde la perspectiva de lo textual, y en este caso específico, los elementos simbólicos que allí se plasman sino también de lo perceptible en una conversación, en un acto de interacción real. El discurso se entiende entonces como un producto social y cultural, concepto al que se le da primacía en este blog, resaltando la importancia y la influencia que tiene el contexto en la constitución de un discurso, cualquiera que sea su objetivo.

Por ello, este análisis va dirigido no solamente a quienes aprecian la pintura y la conciben como un elemento portador de significado sino también a todos aquellos interesados en lograr entender el discurso desde un perspectiva más amplia y ligada a todos los procesos de la vida social, aquellos que quieren comprender cómo se interpreta un discurso y cuál es su trascendencia.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Reseña Nº4: La cognición social y su relación con el discurso

Con el fin de hacer un estudio pertinente e integral del papel de la cognición social y su influencia en la concepción del discurso, Charles Antaki y Susan Condor en el capítulo 12 del libro que contiene las recopilaciones hechas por Teun van Dijk (Estructuras y funciones del discurso) denominado Cognición social y discurso, proponen un análisis del término cognición social desde dos perspectivas: el enfoque mentalista centrado en los procesos mentales internos que llevan a cabo los sujetos de manera consciente en el momento de la construcción del discurso; y el enfoque constructivista que interpreta el discurso como un conjunto de acciones públicas con funciones sociales.
Para ello, los autores dividen el texto en cuatro partes: en sus inicios se define qué es la cognición social; después, se describe desde una mirada mentalista analizando su relación con el discurso; en la tercera parte, y entendida como una de las partes más importantes y a las que los autores dedican la mayor parte del capítulo, la base social de la cognición desde tres perspectivas, relacionándolas siempre con el discurso; y para finalizar, los autores realizan un resumen con las conclusiones pertinentes para finalizar el capítulo.
Susan Condor es una profesora de Psicología social, Cultura y Comunicación en el departamento de pedagogía de la Universidad de Lancaster del Reino Unido, interesada en la construcción discursiva de la identidad nacional, los estereotipos y las categorías en la conversación, junto con la comprensión del tiempo y la historia derivadas del sentido común. Su compañero, Charles Antaki, con quien dio forma y sentido a este capítulo, es un profesor adjunto de Lenguaje y Psicología social en el departamento de ciencias sociales de la Universidad de Loughborough de Inglaterra, quien como deja ver su libro Explaining and Arguing: the social organisation of accounts (1994), ha centrado sus investigaciones en el conversación, el posicionamiento y la identidad.
La cognición social, desde la mirada de la Psicología social que “es la disciplina que estudia cómo los fenómenos psicológicos están determinados y configurados por procesos sociales y culturales” (Velásquez, 2009); se refiere al procesamiento mental automático que hacen los individuos de la información que obtienen de sí mismos y de su mundo social, siendo estos mecanismos internos los que median entre los estímulos externos y la producción de respuestas de los participantes de la situación en cuestión. Esto ocasiona que cuando se habla de discurso sea necesario centrarse en aquellos procesos de intelección implicados en la producción del mismo, como lo son la selección y uso de la información. El discurso es entonces analizado como “lenguaje por encima de la oración” (Condor, S. Antaki, C.1980. pág. 456) ya que implica entender cómo se comprende y con ello se produce un nuevo discurso, siendo claro el hecho de que aunque el contexto será tenido en cuenta no influirá de manera significativa en el desarrollo de estas fases.
Este enfoque mentalista estudia principalmente el cómo los sujetos clasifican la información proveniente de los estímulos externos estableciendo categorías, esquemas y modelos, junto con el cómo ellos logran asimilar esa información es decir, cómo combinan y calculan los datos para llegar a una atribución de causas, para entender las actitudes que se toman en situaciones específicas que tienen un origen netamente cognitivo y para realizar inferencias sociales de acuerdo a los elementos que se perciben en el entorno.
En completa oposición a esta mirada, se posiciona aquella que destaca la base social de la cognición, un conocimiento compartido que sitúa al sujeto como un actor social activo; siendo esa perspectiva aquella que los autores señalan como más importante. Para estudiar esta perspectiva de manera que sea posible recogerla en toda su amplitud, los autores plantean tres enfoques principales; el primero “considera al individuo como portador de una cultura particular o de un conjunto de ideologías” (Condor, S. Antaki, C.1980. Pág. 465); es decir, entiende que las expresiones y actitudes que tienen los sujetos de las diferentes situaciones dan cuenta de un legado social y cultural que ha sido construido paulatinamente en contextos específicos que tienen sus propias creencias, ideologías y estereotipos.
El segundo enfoque considera a los sujetos como miembros de grupos con los cuales tienen intereses compartidos, que se ven influenciados en sus formas de intelección y acción por los mismos. Se forma entonces una identidad social que reúne de manera masiva una población que percibe una situación, la explica y la asimila de manera parecida, planteando categorías generales que justifican o por el contrario rechazan tanto las formas de expresión propias como la de grupos ajenos a ellos.
El tercer enfoque se centra en los procesos de intercambio interpersonal como elementos que construyen y dan cuenta del estado cognoscitivo de un individuo y de su sociedad. Se entiende entonces al discurso como un producto elaborado por varios sujetos que tiene un carácter público y que por lo tanto, adquiere sentido cuando se analiza teniendo en cuenta los aportes de todos los participantes, cuando la esencia social toma el papel principal.
Esta, retoma algunos elementos desarrollados por el enfoque mentalista para estudiarlos desde la perspectiva social; por ejemplo, entiende las actitudes no como productos mentales sino como “construcciones discursivas” (Condor, S. Antaki, C.1980. Pág. 473), en los que tendrá lugar no solo el sujeto como individuo, sino la sociedad y los grupos a lo que él pertenece y que condicionan su manera de actuar y aprehender el mundo, las temáticas que dentro de la conversación se están desarrollado y también el entorno inmediato en el que se encuentran quienes hacen parte de esta interacción. Entiende además el pensamiento y la memoria como elementos públicos que tienen validez y se ponen a prueba en contextos sociales y que ensamblados en lo que se conoce como discurso, generan un impacto y una influencia significativa en los oyentes, con los que se llega al final a realizar una construcción conjunta del conocimiento en cuestión.
En rasgos generales, el capítulo da una perspectiva bastante amplia acerca de la influencia que tiene la cognición social en el discurso, haciendo entender al lector que cada elemento que conforma un discurso desde sus participantes hasta el entorno, las construcciones sociales, las temáticas, las actitudes de quienes interactúan, sus ideologías y creencias junto con otros procesos mentales; tiene una trascendencia y una importancia que lo definen, que lo hacen ser como es y que además contribuyen de manera significativa a que cada ser humano pueda reconstruirse y reconstruir la sociedad o grupo al que hace parte.
Es importante destacar esta importancia que da al carácter social ya que un discurso, cualquiera que sea su temática o forma de manifestación, da cuenta de todos los procesos mentales individuales de cada sujeto que han sido construidos y que tienen sentido solo cuando se sitúan en ambientes reales y cuando tienen utilidad; cuando permiten a un sujeto entender una pintura, un libro, un cuento y todas las significaciones que estos pueden tener dentro de las situaciones a las que cada uno esté dispuesto a enfrentar.

Bibliografía
Condor, S. Antaki, C. (1980). Cognición social y discurso. En: Dijk, T. Estructuras y funciones del discurso. (1980). México D.F. Siglo Veintiuno Editores, S.A de C.V.

Velásquez, N.  (2009). La psicología social: una aproximación desde la perspectiva ideológica. Editorial: Revista electrónica de psicología social «Poiésis». Recuperado de: file:///C:/Users/ACER/Downloads/137-525-1-PB.pdf.

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