Reseña Nº4: La cognición social y su relación con el
discurso
Con el fin de hacer un estudio pertinente
e integral del papel de la cognición social y su influencia en la concepción
del discurso, Charles Antaki y Susan Condor en el capítulo 12 del libro que
contiene las recopilaciones hechas por Teun van Dijk (Estructuras y
funciones del discurso) denominado Cognición social y discurso,
proponen un análisis del término cognición social desde dos
perspectivas: el enfoque mentalista centrado en los procesos mentales internos
que llevan a cabo los sujetos de manera consciente en el momento de la
construcción del discurso; y el enfoque constructivista que interpreta el
discurso como un conjunto de acciones públicas con funciones sociales.
Para ello, los autores dividen el texto en
cuatro partes: en sus inicios se define qué es la cognición social; después, se
describe desde una mirada mentalista analizando su relación con el discurso; en
la tercera parte, y entendida como una de las partes más importantes y a las
que los autores dedican la mayor parte del capítulo, la base social de la
cognición desde tres perspectivas, relacionándolas siempre con el discurso; y
para finalizar, los autores realizan un resumen con las conclusiones pertinentes
para finalizar el capítulo.
Susan Condor es una profesora de
Psicología social, Cultura y Comunicación en el departamento de pedagogía de la
Universidad de Lancaster del Reino Unido, interesada en la construcción
discursiva de la identidad nacional, los estereotipos y las categorías en la
conversación, junto con la comprensión del tiempo y la historia derivadas del
sentido común. Su compañero, Charles Antaki, con quien dio forma y sentido a
este capítulo, es un profesor adjunto de Lenguaje y Psicología social en el
departamento de ciencias sociales de la Universidad de Loughborough de
Inglaterra, quien como deja ver su libro Explaining and Arguing: the social
organisation of accounts (1994), ha centrado sus investigaciones en el
conversación, el posicionamiento y la identidad.
La cognición social, desde la mirada de la
Psicología social que “es la disciplina que estudia cómo los fenómenos
psicológicos están determinados y configurados por procesos sociales y
culturales” (Velásquez, 2009); se refiere al procesamiento mental automático que
hacen los individuos de la información que obtienen de sí mismos y de su mundo
social, siendo estos mecanismos internos los que median entre los estímulos
externos y la producción de respuestas de los participantes de la situación en
cuestión. Esto ocasiona que cuando se habla de discurso sea necesario centrarse
en aquellos procesos de intelección implicados en la producción del mismo, como
lo son la selección y uso de la información. El discurso es entonces analizado
como “lenguaje por encima de la oración” (Condor, S. Antaki, C.1980. pág. 456)
ya que implica entender cómo se comprende y con ello se produce un nuevo
discurso, siendo claro el hecho de que aunque el contexto será tenido en cuenta
no influirá de manera significativa en el desarrollo de estas fases.
Este enfoque mentalista estudia
principalmente el cómo los sujetos clasifican la información proveniente de los
estímulos externos estableciendo categorías, esquemas y modelos, junto con el
cómo ellos logran asimilar esa información es decir, cómo combinan y calculan
los datos para llegar a una atribución de causas, para entender las actitudes
que se toman en situaciones específicas que tienen un origen netamente cognitivo
y para realizar inferencias sociales de acuerdo a los elementos que se perciben
en el entorno.
En completa oposición a esta mirada, se
posiciona aquella que destaca la base social de la cognición, un conocimiento
compartido que sitúa al sujeto como un actor social activo; siendo esa
perspectiva aquella que los autores señalan como más importante. Para estudiar
esta perspectiva de manera que sea posible recogerla en toda su amplitud, los
autores plantean tres enfoques principales; el primero “considera al individuo
como portador de una cultura particular o de un conjunto de ideologías” (Condor,
S. Antaki, C.1980. Pág. 465); es decir, entiende que las expresiones y
actitudes que tienen los sujetos de las diferentes situaciones dan cuenta de un
legado social y cultural que ha sido construido paulatinamente en contextos
específicos que tienen sus propias creencias, ideologías y estereotipos.
El segundo enfoque considera a los sujetos
como miembros de grupos con los cuales tienen intereses compartidos, que se ven
influenciados en sus formas de intelección y acción por los mismos. Se forma
entonces una identidad social que reúne de manera masiva una población que
percibe una situación, la explica y la asimila de manera parecida, planteando
categorías generales que justifican o por el contrario rechazan tanto las
formas de expresión propias como la de grupos ajenos a ellos.
El tercer enfoque se centra en los
procesos de intercambio interpersonal como elementos que construyen y dan
cuenta del estado cognoscitivo de un individuo y de su sociedad. Se entiende
entonces al discurso como un producto elaborado por varios sujetos que tiene un
carácter público y que por lo tanto, adquiere sentido cuando se analiza
teniendo en cuenta los aportes de todos los participantes, cuando la esencia
social toma el papel principal.
Esta, retoma algunos elementos
desarrollados por el enfoque mentalista para estudiarlos desde la perspectiva
social; por ejemplo, entiende las actitudes no como productos mentales sino
como “construcciones discursivas” (Condor, S. Antaki, C.1980. Pág. 473), en los
que tendrá lugar no solo el sujeto como individuo, sino la sociedad y los
grupos a lo que él pertenece y que condicionan su manera de actuar y aprehender
el mundo, las temáticas que dentro de la conversación se están desarrollado y
también el entorno inmediato en el que se encuentran quienes hacen parte de
esta interacción. Entiende además el pensamiento y la memoria como elementos
públicos que tienen validez y se ponen a prueba en contextos sociales y que
ensamblados en lo que se conoce como discurso, generan un impacto y una
influencia significativa en los oyentes, con los que se llega al final a
realizar una construcción conjunta del conocimiento en cuestión.
En rasgos generales, el capítulo da una
perspectiva bastante amplia acerca de la influencia que tiene la cognición
social en el discurso, haciendo entender al lector que cada elemento que
conforma un discurso desde sus participantes hasta el entorno, las
construcciones sociales, las temáticas, las actitudes de quienes interactúan,
sus ideologías y creencias junto con otros procesos mentales; tiene una
trascendencia y una importancia que lo definen, que lo hacen ser como es y que
además contribuyen de manera significativa a que cada ser humano pueda
reconstruirse y reconstruir la sociedad o grupo al que hace parte.
Es importante destacar esta importancia
que da al carácter social ya que un discurso, cualquiera que sea su temática o
forma de manifestación, da cuenta de todos los procesos mentales individuales
de cada sujeto que han sido construidos y que tienen sentido solo cuando se
sitúan en ambientes reales y cuando tienen utilidad; cuando permiten a un
sujeto entender una pintura, un libro, un cuento y todas las significaciones
que estos pueden tener dentro de las situaciones a las que cada uno esté
dispuesto a enfrentar.
Condor, S. Antaki, C. (1980). Cognición
social y discurso. En: Dijk, T. Estructuras y funciones del discurso.
(1980). México D.F. Siglo Veintiuno Editores, S.A de C.V.
Velásquez, N. (2009). La psicología social: una
aproximación desde la perspectiva ideológica. Editorial: Revista electrónica de psicología social «Poiésis». Recuperado
de: file:///C:/Users/ACER/Downloads/137-525-1-PB.pdf.
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